Eme Punto y el periodismo procesal
Mariano Rajoy se sentó la semana pasada ante el Supremo y, con la obsequiosa y un tanto babeante colaboración de la jueza Teresa Palacios, mintió con la encantadora cachaza que todos conocemos. Mintió en lo irrelevante —cuándo y por qué rompió con Luis Bárcenas; no hay más que ir a la hemeroteca, como explicó el capitán de este barco, Jesús Maraña—, así que suponemos, aunque solo podamos sospecharlo, que habrá mentido, también y más, en lo todo lo gordo —si, como presidente del Gobierno y del partido, hizo que el Ministerio del Interior desplegara una operación con secuestro y disfraces para desbaratar las pruebas que Bárcenas poseía de la palmaria financiación ilegal del partido—. Los cronistas de tribunales, todos, al margen del medio para el que firmen, lo saben igual que lo sabemos ustedes y yo. Entonces, ¿por qué no lo dicen así? La tendencia de las izquierdas católicas —el catolicismo es un vector cultural, no una creencia— es interpretar que se trata de un sencillo problema de virtud individual. La realidad de las cosas es un poquito menos moralista y más exigente. Un cínico diría que la superespecialización periodística (por ejemplo, pasarse toda la carrera profesional en l
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