Mientras miramos a Oriente Medio, el Ártico se ha convertido en el escondite del mayor desafío de Rusia a la OTAN: Borei y Yasen
Uno de los mayores temores de las marinas occidentales no era un ataque directo, sino algo mucho más inquietante: no saber dónde estaba el adversario. Esa sensación se hizo especialmente evidente cuando, en plena Guerra Fría, un submarino soviético logró seguir a un grupo naval estadounidense durante días sin ser detectado, demostrando que en ciertos escenarios el verdadero poder no está en golpear primero, sino en permanecer invisible el tiempo suficiente. No se ve, pero no se detiene. Contaban en un extenso reportaje en Bloomberg que, a cientos de metros bajo una montaña en el norte de Noruega, la OTAN vigila sin descanso un tablero que no aparece en los titulares diarios, pero que nunca ha dejado de estar activo. Mientras la atención global se centra y con razón en conflictos más visibles, en las profundidades del Atlántico Norte se desarrolla una competición constante por detectar, seguir y no perder de vista a los activos más sensibles del adversario. Es, si se quiere, una vigilancia silenciosa, técnica y permanente, una donde el margen de error es mínimo y donde la ausencia de noticias no significa, ni mucho menos, ausencia de actividad. En Xataka Si la pregunta es por qué EE
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