Mario Vidal, el sastre que cose contra el tiempo
Hay personas que no eligen un oficio, lo reconocen. Les aparece un día entre las manos, como si siempre hubiera estado ahí, aguardando. A Mario Vidal le ocurrió con la sastrería. "Soy Mario Vidal, tengo 24 años y soy sastre artesanal", dice al comienzo de la conversación, con una naturalidad que no es impostada, sino conquistada. No habla de la costura como quien enumera una profesión, sino como quien nombra una casa. "Cuando yo sentí ese amor por la sastrería fue el momento en el que decidí que quería ser sastre", recuerda durante la entrevista concedida a este medio. Su historia parece avanzar a contracorriente. Mientras la moda rápida impone el vértigo de la temporada, del algoritmo y del armario sin memoria, Vidal reivindica la lentitud. No como capricho estético, sino como ética de vida. "Es bastante rebelde porque en el mundo de la velocidad me gusta hacer las cosas despacito", confiesa. La frase resume bien el pulso de su trabajo. Frente al consumo inmediato, la espera. Frente a la prenda anónima, el traje pensado para alguien concreto. Frente a la uniformidad, el cuerpo y la personalidad de cada cliente. En su sastrería de Madrid, Mario Vidal trabaja desde una idea clásica
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